La periodista Maureén Maya publica libro sobre la vida de María Mercedes Araújo.
María Mercedes Araújo de Cuellar (1937-2008) hubiera podido seguir el destino que le tenía deparada la vida: el de una niña bien de clase alta de la sociedad bogotana sin otras preocupaciones que criar los hijos y jugar cartas con sus amigas en algún club privado.
Pero había algo en ella que no encajaba. Un sentimiento de "dolor de país", que se materializó a los 13 años, cuando la llevaron a conocer, con sus otras compañeras del colegio Gimnasio Femenino, cómo vivía la gente en las areneras (parte de lo que hoy es la zona de Usaquén).
Maya cuenta que Araújo le confesó que nunca pudo olvidar la imagen de una niña de su misma edad con un bebé en sus brazos. "Cuando le preguntó si era su hermanito ella le contestó que era su hijo, que había tenido con su propio padre".
A partir de allí, la defensa por la miseria y la injusticia social se convirtió en la razón de vivir de esta socióloga, cuyo pensamiento acaba de plasmar Maya Sierra en el libro 'La oligarca rebelde', como homenaje póstumo.
"Tenía mucha ilusión de verlo finalizado, pero una complicación de salud se la llevó el pasado 19 de julio", cuenta la periodista, quien durante dos años se reunión todos los miércoles y sábados con Araújo.
A su residencia, en el tradicional barrio de Santa Ana, en el norte de la capital, se le llamó 'La casa de la paz'. Fue siempre lugar obligado de reunión de personalidades de todas las vertientes, que se daban cita en sus tradicionales tertulias ideológicas.
En sus largas conversaciones, Araújo le confesó un día a la autora que cansada de ver morir a tantos amigos (entre los que se destacan Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro o Jesús Bejarano) tomó un día la decisión de no volverlos a despedir en la puerta.
"Fue como un símbolo de rechazo. Y, por ejemplo, a visitantes como Iván Cepeda, Jorge Robledo o Gustavo Petro los despidió desde su poltrona en el segundo piso. Le aterraba que tuvieran el mismo destino que tantos otros".
Cuando terminó el bachillerato, Araújo ingresó a estudiar sociología, en la Universidad Nacional, motivada por su primo, el cura Camilo Torres.
"Ella ya tenía el sentimiento -dice Maya-, pero las clases de Eduardo Umaña Luna le dan los elementos teóricos que necesita para comprender esa otra realidad. Entiende cómo, por ejemplo, el tal referendo contra Rojas Pinilla y el Frente Nacional no fue más que una farsa".
Hasta sus últimos días fue una mujer de una sola pieza, que nunca negoció sus valores y principios. "Fue una mujer consecuente, valiente y con una conciencia de la dignidad humana impresionante. Siempre lucho por volver a replantearnos como seres humanos y sensibilizarnos por el dolor del otro", concluye la autora.
La oligarca rebelde
Maureén Maya Sierra
Random House Mondadori
222 páginas
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