Diana Uribe habla de su fórmula para contar la historia, a propósito de su libro 'Historia de las civilizaciones'.
A pesar de conocerse al derecho y al revés los miles de conflictos de la humanidad a través de los siglos, algo que deprimiría a cualquier, la filósofa e historiadora Diana Uribe podría definirse como una optimista de tiempo completo.
Por eso, uno de los objetivos que se propuso desde un principio, durante la planificación de su libro 'Historia de las civilizaciones', fue terminarlo con un mensaje de esperanza, con la ilusión de sembrar en sus lectores y oyentes ese sentimiento, a pesar de las tragedias.
Una actitud que se refleja en el tono 'bacano' y descomplicado que Uribe le imprime a los relatos de su primer proyecto editorial, que se convirtió en el regalo preferido durante las festividades de fin de año, a juzgar por la primera posición que ocupa desde hace varias semanas en el listado de la Librería Nacional, con sede en las principales ciudades del país.
"Para mí, lo más importante del último disco era que terminara con esperanza. Esto me llevaba a incluir no solo una historia de las guerras sino de las ideas, del arte y de la literatura, porque finalmente las civilizaciones son todo eso. Son sus logros, la evolución del pensamiento humano, lo que han aprendido, la formación de los Estados", explica.
Pedagogía: la clave de todo
Y aunque no considera que tenga una formula determinada para capturar, a través de sus relatos, la atención de miles de oyentes, en estos 10 años en la radio, Uribe tiene claro que debe su tono a los que considera sus mayores maestros: los adolescentes.
Fueron esos años como profesora de jóvenes en colegios como Saint George, English, San Patricio o El Retiro los que le enseñaron la manera como había que "echar el cuento" para conectarse con su publico. "Es que finalmente todo lo que yo hago es un proyecto pedagógico".
De allí que Uribe considere, a diferencia de otros analistas del mundo moderno que los encuentran como enemigos de la lectura, que todo aparato electrónico o videojuego es aprovechable en aras de captar la atención de las nuevas generaciones. "Uno no puede rechazar los códigos de ellos si no aprender a incorporarlos. Eso lo comprendí trabajando con los adolescentes. Si uno quiere que ellos respeten lo que uno hace, hay que respetar lo de ellos. Por eso trabajar con adolescentes fue una revelación".
En especial su hija, una de sus primeras conejillas de Indias, la cual Uribe acercó a la lectura a través de la muñeca Barbie, cuando, rompiendo el esquema tradicional del juego (de ollitas, zapatos y vestidos), le propuso que le pusieran a la casita una biblioteca, un cineclub y que recorriera en su avión los lugares históricos más fascinantes.
Esa ha sido quizás, y sin proponérselo, el éxito de su fórmula. Nunca perder ese espíritu adolescente que habita en ella (y en todos nosotros), que la llevó en el colegio a devorarse la historia completa de la Guerra Civil Española.
"Hay que conectarse con la pasión, porque ella es la que lo lleva a uno al conocimiento. Los jóvenes son gomosos por naturaleza. Cuando un pelao quiere saber no lo para nadie. Cuando yo empecé a saber de rock, yo tenía los cuadernos llenos con los bajistas, los bateristas, los grupos de donde habían venido y en los que estaban. Entonces el adolescente es básicamente un tipo gomoso con una inmensa curiosidad", concluye.
Historia de las civilizaciones
Diana Uribe
Aguilar
223 paginas
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