La Secretaría de Cultura de Bogotá le otorgó el Premio Vida y Obra al historiador Carlos José Reyes.
Desde joven, el destino del dramaturgo, historiador e investigador Carlos José Reyes parecía estar cifrado por los libros, que finalmente le han dado las mayores satisfacciones en su vida. Como el premio Vida y Obra que le concedió la Secretaría de Cultura de Bogotá en reconocimiento a toda su trayectoria intelectual, dedicada a las humanidades. "Este reconocimiento coincide con mis primeros cincuenta años de actividad cultural. Empecé justamente en 1958, en un lugar que se llamaba Club de Teatro Independiente. Pero además cumplo 30 años dedicado a la investigación histórica", comenta.
Por ser el mayor de una familia bogotana conformada por cinco hombres y dos mujeres, la falta de espacio lo obligó a dormir desde muy joven en la biblioteca de la casa. Un recinto generoso, fruto de la formación como jurista de su padre y la vocación docente de su madre (profesora de historia), que sin duda lo marcaron.
"Yo creo que ahí quedé condenado a quedar casado para siempre con las bibliotecas -dice-. Tengo la sensación que si uno duerme en ellas, los efluvios de los autores te empiezan a embrujar".
Una adicción que con los años se acentuó de manera vertiginosa. Hoy vive en una antigua casa, en el norte de Bogotá, rodeado de cerca de 12 mil volúmenes, que ya se salieron de la biblioteca y se apoderaron de las habitaciones y los pasillos. Junto a ellos, permanecen siempre, sobre la mesa de la sala, los cinco libros que está leyendo.
Como si se tratara de un acto ceremonial, Reyes sale todas las noches al jardín por algunos leños para la chimenea, que le ofrezcan calor suficiente hasta pasada la medianoche. A medida que transcurren las horas, cierra la tapa de uno de los libros para continuar el siguiente. Novelas literarias, alguna obra histórica y ensayos de arte o teatro están acompañados por una libreta de notas en la que Reyes apunta alguna referencia o reflexión personal, que muy seguramente darán pie a futuras conferencias o escritos.
En ese ambiente, casi sagrado, Reyes Posada recibió a EL TIEMPO para hablar de varios de los temas que más lo apasionan.
¿Qué encanto le generan las bibliotecas?
Yo las veo como grandes centros de investigación. Es más, he seguido visitando la Biblioteca Nacional para investigar como si nunca me hubiera desligado. Ya para una lectura larga y pausada acudo a mi biblioteca personal.
¿Qué significó llegar a la Biblioteca Nacional?
Fue muy importante. Yo sucedí al filósofo Rubén Sierra en junio de 1992 y alcancé a estar hasta agosto de 2002. Cuando llegué el espacio era muy reducido. Estaba Inravisión dentro del edificio, no existía nada computarizado y sólo había tres pisos hábiles. Yo devolví siete pisos, se organizó toda la historia de la prensa del país, que se encontraba arrumada en cajas, se incluyó el Centro de Documentación Musical y alcanzamos a trabajar en el primer catálogo que se iba a mandar a las bibliotecas del país, entre otras cosas.
¿Cómo la ve hoy?
Desde cuando yo salí de la Biblioteca a hoy, ha habido muy pocos recursos que no ha permitido hacer ningún gran salto. La Biblioteca necesita una ampliación urgente porque ya no le caben los libros, que por ley debe conservar por ser la encargada de la custodia de todo el patrimonio bibliográfico Nacional. Creo que la actual directora esta haciendo una buena labor. Es una persona que viene del mundo de los libros y la cultura.
UNA VIDA PARA EL TEATRO
¿Cómo ve el desarrollo del teatro en el país?
El teatro colombiano ha tenido una historia mucho más larga de lo que la gente se imagina, desde la Colonia. El problema era que al no tener edificios teatrales, la continuidad de los grupos o de experiencias teatrales no se podía consolidar. Solo después de que se construyó el Coliseo Ramírez (hoy Teatro Colón) aparecieron muchos dramaturgos en el siglo XIX, influidos por el costumbrismo. En el siglo XX continuó la tendencia con autores que empezaron a formar grupos como Luis Enrique Osorio y Antonio Álvarez Lleras con muchos elementos ingeniosos que fue creando un tipo de comedia nacional. Después del 9 de Abril, a mi modo de ver, la cultura colombiana da una vuelta. El campo idílico cambia, porque empieza la violencia brutal, que lleva implícita una nueva literatura que va denunciando toda esa etapa de violencia. Se empiezan a formar grupos estables, que luchan por contar con sus propias sedes, que es de donde yo vengo.
¿Cómo ve el teatro actual colombiano?
Yo creo que el teatro colombiano ha logrado varias cosas: primero los grupos han logrado abrir un espacio con sus propias sedes. Es el caso de La Candelaria, de lo que fue el TPB en su momento o el Teatro Nacional, con todas sus diferencias; unos más comerciales que otros. Pero el tener lugares estables permite tener una actividad permanente durante el año, que cuando nosotros empezamos no existía. Segundo se empezaron a buscar ciertas alternativas: apareció el teatro colectivo, un teatro de cierto compromiso político. En el balance general el público ha aumentado y creo que existe un movimiento, unos autores y una nueva dramaturgia.
¿Les ha hecho seguimiento a los nuevos dramaturgos?
Me gusta lo que están haciendo artista como Fabio Rubiano o Víctor Viviescas. Con las maestrías de escrituras creativas de las universidades hay una nueva generación en donde se pueden contar una docena de nuevos dramaturgos interesantes como José Domingo Garzón. Dramaturgos de líneas muy diferentes, afortunadamente. Algunos con mayor o menor éxito, mayor o menor impacto o público. Como ganancia creo que el panorama se ha diversificado y han surgido nuevos actores, directores y grupos curiosos.
¿De lo que ha visto últimamente qué le ha gustado?
Me ha gustado mucho la versión de 'Antígona' de Patricia Ariza. Me parece uno de los trabajos serios que se han producido en los últimos tiempos. O la obra de San Agustín del Teatro R-101, inspirado en sus 'Confesiones'. El planteamiento de dramaturgia urbana asociado con temas de animales de Rubiano es también muy interesante.
¿Qué piensa de la nueva tendencia que se apoya en la multimedia?
Todavía la veo como un camino un poco borroso. Me parece que es una búsqueda en una transición muy propia de este comienzo del milenio, de la denominada posmodernidad. Ningún camino es negativo. Mientras unos están buscando temas directos, de la vida nacional, de lo que está pasando como la violencia o el narcotráfico, otros vuelven a los mitos.
¿Cómo ve el futuro del Festival Iberoamericano de Teatro, luego de la muerte de Fanny Mikey?
Ha habido la promesa formal de Gobierno de apoyar el Festival. Pero por otro lado estaba la gestión de Fanny con la empresa privada. El solo Gobierno no puede apoyar una empresa de esa magnitud. Y la empresa privada sin el motor de Fanny no sé. Para mí la gran pregunta es quién será. Yo creo que ese es el gran reto para ellos. Para el teatro colombiano sería una lástima perder un evento de esa magnitud. Creo que el hecho de que Colombia sea un punto de referencia en el teatro mundial y que los grandes grupos del mundo nos visiten es algo excepcional. La alternativa ahora es cómo reemplazar la función que cumplía Fanny y darle credibilidad. El próximo Festival va a ser la prueba para mostrar hasta dónde se puede conformar un equipo que tenga la capacidad de reconstruir las buenas relaciones que Fanny llegó a tener. Porque ella como persona de empresa era absolutamente excepcional. Fíjese cómo el mejor periodo del Festival de Arte de Cali lo hizo Fanny en su primera etapa y el arranque del TPB como organización también lo hizo ella.
'ES APASIOANTE SABER DE DÓNDE VIENE UNO'
¿Por qué es importante conocer nuestro pasado?
Es apasionante saber de dónde viene uno. Todo el trabajo de la cultura humana tiene una connotación histórica. Alguien decía que el que ignora todo es mucho más feliz. Yo digo que es mucho más feliz, pero es una felicidad intermedia, vulgar, que no trasciende. En cambio yo creo que las intensidades, en la felicidad o en la desgracia, son mucho más fuertes, en la medida en que uno tenga más puntos de referencia. Ese mundo de relaciones hace que la vida sea más intensa. Esos instantes de felicidad y de emoción profunda no los puede tener el que tiene una felicidad mediocre y permanente.
¿Cuál es su periodo preferido de la historia universal?
Para mí uno de los grandes periodos fue el Renacimiento porque se vuelve al uso de la razón; cuando se producen las grandes obras de arte, se replantea las escritura, la arquitectura, la concepción de la ciudad y se crea una cosmovisión nueva. Me gusta también, aunque hubiera sido terrible vivirlo, el periodo impresionista. Salvo Monet, quizás ya viejo, al que le reconocieron algo, la mayoría sufrió mucho. Pero es fascinante esa búsqueda esplendorosa que producen para captar el instante fugaz: ese momento donde la luz se coloca sobre la rama de un árbol, que no va a durar sino unos segundos. Es el gran anticipo de la fotografía. Revolucionaron el aprehender el instante.
¿Y cuál en la historia de Colombia?
En el periodo colonial quizá hubo una etapa interesante que fue el de la ilustración neogranadina. Ese periodo que ocurre en las últimas décadas del siglo XVIII. Cuando aparecieron los periódicos, se inauguró la primera biblioteca, apareció el primer teatro, se dan las primeras universidades y nace la Independencia. En 20 años se vivió lo que no se había vivido en 300 años de vida colonial. Hay otro periodo congestionado interesante en la época de José Hilario López, en la mitad del siglo XIX, cuando se da la primera dictadura artesanal con el general Melo que terminó por las guerras civiles. Pero yo diría que los grandes momentos en la historia de Colombia no han llegado todavía. No ha habido un periodo suficientemente arduo porque no lo han dejado. Los momentos idílicos los han desbaratado los políticos, los militares o los comerciantes.
¿Una debilidad especial por algún personaje histórico?
Leonadro Da Vinci, Cervantes y Shakespeare. Puede ser un lugar común, pero lo que pasa es que la obra de estos señores nunca termina. Uno puede leerse diez veces 'El Quijote' y siempre lee un libro distinto. Siempre descubres detalles y referencias secretas que no habías visto antes. La lengua castellana nunca ha vuelto a producir un fenómeno de la naturaleza de ese corte.
¿Algún personaje colombiano?
Varios. Yo, frente a lo que muchos bolivarianos radicales no opinan, yo no me dejo meter en la contradicción de escoger a Bolívar y a Santander. Para mí ambos tienen grandes cualidades, cometieron errores y tienen defectos. Pero no podemos entender la historia sin los dos. No hubiera podido terminar la gesta de Bolívar sin Santander y este último no hubiera podido consolidar la administración sin Bolívar. Otro personaje que me parece muy interesante es Moreno y Escandón, en la última etapa de la Colonia, a quien se le debe la inauguración de la Real Biblioteca Pública.
UNA VIDA PARA EL HUMANISMO
Carlos José Reyes nació en Bogotá hace 67 años. Luego de graduarse del Liceo Cervantes ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional, la cual abandona tras cuatro años de estudio para dedicarse de lleno al teatro, su gran pasión. Allí se inicia a los 17 años en el Club de Teatro Independiente, en donde recibe clases de Bernardo Romero Lozano, Boris Roth y Víctor Muñoz Valencia. Fundó en los sesentas la Casa de la Cultura (hoy el Teatro de La Candelaria), junto con Santiago García.
Ha sido catedrático de dramaturgia e historia de varias universidades del país, director teatral y guionista de cine y televisión. Es Doctor Honoris Causa en Artes Escénicas de la Universidad del Valle.
Durante diez años dirigió la Biblioteca Nacional de Colombia, la cual puso a tono con los adelantos tecnológicos del siglo XX.
Es miembro de las academias Colombiana de Historia, de Historia de Bogotá y Colombiana de la Lengua.
Ha sido reconocido con los premios Casa de las Américas (1973), Simón Bolívar (1983) y el Universidad de Salamanca (2008), entre otros.
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