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En busca de un sueño

El escritor Miguel Ángel Manrique espera que el reconocimiento le permita dar a conocer su obra.

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Foto: Jaiver Nieto/EL TIEMPO

Miguel Ángel Manrique, escritor colombiano Premio Nacional de Literatura 2008.

El escritor colombiano Miguel Ángel Manrique no olvida una curiosa costumbre que tenía su mamá cuando terminaba los libros: guardarlos, llenos de recibos importantes, en cajones de los muebles de la casa, en lugar de llevarlos de regreso a los estantes de la biblioteca.

Así, Manrique solía encontrarse cuando niño, de manera sorpresiva, alguna obra clásica o contemporánea de la literatura al abrir algún escaparate. Esos gratos descubrimientos fueron, sin lugar a dudas, la semilla de su futura carrera como escritor que ahora le permite recoger frutos como el Premio Nacional de Literatura, que le otorgó el Ministerio de Cultura a finales del año pasado.

Un reconocimiento económico que espera que ahora le abra las puertas para que las editoriales se interesen en su novela más reciente, 'Disturbio', que lo hizo merecedor del galardón.
Desde hace algunos años, Manrique, profesor de periodismo literario de la Universidad Externado de Colombia, había comenzado la dura trayectoria por la que pasan la mayoría de escritores, de hacer conocer su trabajo a través de diferentes concursos. Luego de varios reconocimientos y menciones de honor alcanzó lo que tanto había soñado.

"Los menciones son estimulantes, pero yo creo que en algún momento para un escritor es importante ganar. Porque sin ese reconocimiento, por ejemplo, los medios o las editoriales no me abrirían las puertas. Además del estímulo económico, el premio, de alguna manera, es la llave para que te reconozca la institución literaria como escritor", explica.

A pesar de sus orígenes caribeños, Manrique considera que su mayor influencia ha sido la ciudad, pues sus padres se trasladaron del Carmen de Bolívar a la capital cuando él tenía seis meses.
Creció en un ambiente de amigos de barrio, que se daban cita en el parque para leer 'comics' o intercambiar música de Pink Floyd, Rolling Stones, The Who, baladas populares de Rocío Durcal o boleros, que se oían por el programa 'El patico discotequero'.
Se la pasaba en la tienda del barrio leyendo, en donde estaban colgados sobre una cuerda algunos de sus 'comics' preferidos como Kalimán, Supermán o La pequeña Lulú.

Esas lecturas, junto con las obras de escritores contemporáneos como Henry Charriere ('Papillón') o Stephen King le mostraron que no era necesario esperar a tener la novela perfecta para "lanzarse al agua", temor que muchas veces frena a varios escritores.
"Cuando uno es muy pretencioso con la página, llega un momento en que la página te rechaza. Y yo me había obsesionado porque la página fuera perfecta", explica Manrique, influido en parte por su formación académica en la Facultad de Literatura de la Universidad Nacional.

Una estructura que le dio la técnica, pero que combinó con las influencias particulares de su generación.

"Creo que hago parte de una nueva generación de escritores que está tratando, sin proponérselo, los mismos referentes. Uno de ellos es el político (como ocurre con Junot Díaz en su nueva novela 'La maravillosa vida breve de Oscar Wao'). O temas como la vida académica, la niñez desastrosa, las madres abandonadas o el lenguaje callejero", concluye el escritor de 41 años.

Publicado el 14 de enero de 2009
CARLOS RESTREPO
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