Cali a través de una artesana

"¡Cómo no me iba a gustar Cali, por Dios, si era plata al piso!"

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Foto: vive.in

La Mona está sagradamente todos los días, en el Centro Comercial del Norte.

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Antes hippie, ahora artesana. Esta es la vida de una mujer que lleva desde 1989 en el mismo puesto del Centro Comercial del Norte de Cali, vendiendo artesanías. 


A Andrea Zanabria la conocen mejor como 'La Mona'; nació en Bogotá aunque ella asegura que nació en todas partes, y a los 8 años salió de su casa persiguiendo una libertad que sólo una vida de hippie podría darle. Su primer parada fue en Medellín, y ahí conoció lo que sería su primera lección de vida.

'Conocí a un hippie de pelo largo y ojos claros, y me la pegué con él. Al principio, chévere, y entonces el man vio que yo era inteligente y me puso a lavar montones de ropa para ganarme mis primeras pinzas y el aprendizaje, y lo hice porque yo fui la que me busqué mi vida. Y así fue hasta que él fue malo conmigo con el tiempo, me daba golpes, patadas, me violaba y me daba droga obligada'.


Recuerda que en esa ocasión los vecinos la rescataron, dejó Medellín, y al tipo lo encanaron. Con la violación empezó a ser más madura y desconfiada, pero siguió andando con hippies porque quería aprender de ellos y conocer ciudades echando dedo. De Venezuela, Ecuador y Perú la devolvieron por estar muy pequeña, así que se dedicó a recorrer Colombia, sobretodo la Costa Atlántica. 

'Conocer San Andrés fue un show; imagínese, uno no puede pagar un pasaje así; entonces un man me dijo fácil, cogemos una bolsa con panela y pan y nos metemos en el ancla. Como eramos sardinos y flacos, cupimos perfectamente'.

A Cali llegó a los 17 años y de una se parchó en la Sexta, a la altura del actual Sandwich Cubano. Luego volvió a San Andrés, y vendiendo droga conoció un parche de italianos y españoles de ojos claros que, entre locura y locura, le dejaron su más preciado tesoro que ya tiene 15 años: Andrea Vanessa. Andrea estudia en las mañanas y por las tardes también diseña accesorios.


De San Andrés salió para Santa Marta y luego apareció con barriga en Barranquilla; en plena carretera y bajo el inclemente sol de la costa, un hombre la recogió y la dejó en Buga. Para ese entonces La Mona ya tenía claro que Cali sería su plaza, y más claro aún la zona donde iría a trabajar, que es el pedazo de andén que hoy tiene su nombre tallado con el sudor de sus manos.


¿Qué te atrapó de Cali?

'De tantas ciudades que recorrí, en Cali valoran el trabajo artesanal. No chillaban por mil ni dos mil pesos'.


¿Y cómo llegaste al Centro Comercial del Norte?

'Acompañé a un amigo a cobrar una plata y mientras él se fue yo abrí mi tablero mientras lo esperaba en la moto. En media hora me hice 50 mil pesos, yo quedé aterrada. Y desde ese momento nadie me sacó de aquí. Los negros me echaban los tombos, pero siempre volvía. Empecé haciendo la trencita por 30 mil en ese tiempo, un golazo, me hacía la re plata. Entonces, ¡cómo no me iba a gustar Cali, por dios, si era plata al piso!'


¿Qué cambios radicales has vivido en Cali?

'Cuando hicieron Chipichape y ésto se fue a pique; yo me hacía 500 mil diarios... pero cogieron a los narcos y ellos eran los que nos daban la plata'.


¿Hippie o artesana?

'Yo soy actualmente artesana. Pero fui punkera, metalera y hippie. Y digo que ya no soy hippie porque la mayoría vive de apariencias, les gusta el vicio y muchas veces tienen plata. Yo entré como hippie, pero cuando uno se mete en el cuento y vive de la artesanía, se vuelve un cuento muy especial, es sabiduría, es un don que Dios nos ha dado a los artesanos que camellamos con las manos e ingeniamos con la mente. El artesano simplemente está con lo que está, no sucio ni cochino. Puede que un artesano se meta un bareto, pero es algo natural, no bazuco, ni pegante, ni se inyecta. Yo fui una degenerada obligada y me volví adicta, pero supe salir de esa sóla'.


Conociste Cali a través de las drogas ¿cómo fue esa percepción en la Calle Sexta?

'Es un viaje que te transporta y cuando menos piensas llegaste a la quinta sin saber cómo o por qué. Se te pierde la mente, y uno loco hace lo que sea'.

La vida le cambió a La Mona desde el momento en que llegó su hija, y por eso esperar a que ella acabe sus estudios es su única meta. Por ella sacrificó su libertad, pero está segura que cuando ella coja su propio rumbo, las calles del mundo volverán a saber quién es La Mona.


¿Qué piensas hacer luego?

'Volver a irme para las ferias, me aburre esta rutina, yo soy loca, yo soy es de la vida, del mundo, yo no soy de acá; la niña me detuvo pero yo termino esa meta y suerte es que le digo. Porque quiero volver a ser corrida y encontrar de golpe un hombre que valga la pena. Si se puede pues, tampoco le doy mente a eso'.


¿A dónde les gusta ir un domingo?

'Si tenemos plata nos vamos para un bañadero, Yanaconas es el que más le gusta a la flaca. Y también rumbeo al piso en las discos de la sexta.'


A La Mona la pueden conseguir de lunes a sábado de 10am-6pm en el Centro Comercial del Norte, sentada justo afuera del Almacén Punto Blanco, al lado de la Librería Nacional.

Publicado el Miércoles 27 de Agosto
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