Sin embargo, a sus 80 años, Epstein ha decidido iniciar uno de los proyectos más desafiantes de su carrera con su nueva empresa On Demand Books, que se encarga de comercializar la 'Expresso Book Machine', una máquina capaz de imprimir un libro de gran calidad en pocos minutos a un costo de un centavo de dólar página. El editor fue uno de los invitados al II Congreso Iberoamericano de Libreros, organizado por el Cerlalc durante la Feria Internacional del Libro de Bogotá. ¿Hacia dónde cree que se está moviendo el libro? ¿En qué sentido se va a dar esta revolución? ¿Cómo funciona la 'Expresso Book Machine'? ¿A cuántos libros tendrá acceso el lector? ¿Es decir que se estaría dando una nueva estructura de distribución del libro? ¿Tienen calculado en cuánto se reduce el costo? ¿Qué nuevo papel va a jugar entonces la librería? ¿Cómo ve la nueva narrativa? ¿Le ha hecho algún seguimiento? ¿Cree que el hábito de la lectura podría verse amenazado con las nuevas tecnologías? ¿Las nuevas tecnologías podrían representar una amenaza para el libro?
El editor estadounidense Jason Epstein podría haberse dado el lujo, desde hace mucho tiempo, de estar disfrutando de un merecido retiro haciendo lo que más le gusta: leer y hablar de literatura. Se desempeñó como director editorial durante 40 años de Random House Mondadori, es el creador del sello Anchor Books pionero de los libros de edición rústica; es cofundador de The New York Review of Books y fundador de The Library of America. En 1986, creó The Reader's Catalog, precursor de la venta de libros por Internet. A esta trayectoria se une un largo listado de premios internacionales por su aporte a la literatura en diferentes campos.
Epstein explica en qué consiste su nueva máquina y habla sobre el futuro del libro.
Creo que estamos experimentando una revolución tecnológica complementaria, parecida a la que comenzó Johannes Gutenberg, solo que en términos de alcance e impacto mucho más grande.
Las colecciones de las editoriales se están volviendo cada vez más digitales y hay mayores índices de personas que pueden leer. En ese sentido, la 'Expresso Book Machine' podría ser un puente entre esas dos situaciones masificando la lectura, pues los nuevos aparatos electrónicos todavía tienen la limitante del precio.
La persona ordena el libro que desea 'online' a través de Internet a una gran base de datos donde se encuentran almacenados y el libro se imprime en la máquina más cercana a donde se realice la orden. Esta máquina puede estar ubicada en cualquier parte: una librería, una biblioteca, una fotocopiadora, un aeropuerto.
Teniendo en cuenta que las editoriales tienen sus archivos madre de manera digital, así como lo están haciendo bibliotecas como la de Beijing y la del Congreso de Washington, el lector tendrá un acceso prácticamente ilimitado.
Las personas van a acceder a un libro no como funciona por ejemplo en Amazon, donde uno les ordena a ellos que a su vez pidan el libro. En este caso, uno ordena un archivo que es directamente descargado en la máquina, que lo imprime en cinco o diez minutos. Entonces los pasos intermedios que hay, entre tener el archivo editado y el lector se van a ahorrar. Por ejemplo, el transporte, el lmacenamiento, la catalogación en las librerías, la devolución de libros no vendidos, etc.
Nosotros creemos que un 40 por ciento, haciendo un cálculo muy amplio. Es decir que un libro de 20 dólares podría llegar a costar US $12 al suprimirse algunos intermediarios de la cadena de producción y acceso al libro.
A contrario de lo que se cree, me parece que las librerías sobrevivirán. De hecho la 'Expresso Book Machine' va a ser un aliado muy grande porque las librerías se ahorrarían costos de inventario y espacio teniendo los libros a pedir de boca y no esperando en un estante al consumidor. Además tendrían espacio para ofrecer a su cliente otro tipo de negocios, como ocurría en el pasado, cuando la librería era un centro cultural de reunión. Es más, el librero también podría convertirse en una especie de editor regional especializado, presentando en su establecimiento las novedades de determinados escritores locales.
Hablar de literatura es muy difícil y no me gusta hablar de corrientes o categorías. Yo soy más partidario de poner que todos los títulos estuvieran a disposición del lector, como ocurre ahora con la música. De esta manera, siempre habrá un lector para un libro, como ha quedado demostrado con la masificación de los archivos musicales.
Para empezar no hay mucha gente que lea. El libro nunca ha sido tan masivo como otras prácticas. Lo que sí ha sido masivo es el gusto de las personas de reencontrarse para escuchar historias. Sin historias no existiría el Nuevo Testamento. En el pasado, se recitaba las historias y la gente se reunía a escuchar a los poetas recitar La Ilíada o la Odisea. Hasta ahora, lo que se ha comprobado es que el libro es la mejor manera de pasar esas historias, de reunir a la gente y de crear una civilización. Si no hay libros no hay civilización.
Toda la vida ha habido nuevos medios. Cuando se inventó la dramaturgia en Grecia, era un nuevo medio; la radio fue un nuevo medio, cuando se inventó el teatro popular fue un nuevo medio, cuando se inventó la ópera fue un nuevo medio; y nunca ha pasado que una cosa se cruce con otra. Naturalmente, los autores recogen la influencia de esas tecnologías como ocurrió con la novela USA de John Dos Pasos, en donde el narrador imita, de alguna manera, el lenguaje que se maneja en un periódico. Es decir, la escritura incorpora en estética particular esos nuevos medios, pero no cambia la actividad de producir historia.