Margarita Robleda, doctora en cosquillas verbales y besos de rana

La autora de cuentos infantiles Margarita Robleda (Mérida, México, 1950) se presenta como "doctora en cosquillas verbales y besos de rana". Así, abre la puerta de su mundo de poemas, cuentos y rapeos

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Foto: Milton Díaz / EL TIEMPO

Escritora de cuentos para niños

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"Soy licenciada porque tengo licencia de Dios para vivir y licencia para manejar y Atrevida Robleda Moguel es mi nombre verdadero".

Robleda es autora de cuentos. Comenzó componiendo canciones protesta y a la edad de 20 años, como maestra voluntaria en un colegio de la Sierra Tarahumara, descubrió esa vocación para comunicarse con los niños. Hoy cuenta con 110 libros publicados en México, Estados Unidos y Colombia, país al que visitó para el Hay Festival y al que aspira regresar pronto, para lanzar una serie de cuentos en la Feria del Libro.

-¿Por qué 'Atrevida'?


Me atrevo a jugar con las palabras, a escribir. Mi vocación es hacer lagartijas a las neuronas y cosquillas al corazón, zurcir la esperanza.

-¿Cómo descubrió esa vocación?

La vida es como un rally. Te vas enterando en la siguiente pista. El año pasado empecé a trabajar con jóvenes. Me abrí a otro mundo, pasé de los juegos de los niños a otro nivel. Puedo hablar con los otros, cosa no tan sencilla. Paso por la calle saludando. Creo que es revolucionario decir 'Buenos días', porque la gente pasa por la calle sintiéndose invisible.

-Tiene muchos libros publicados...

En Colombia está Fiesta de fantasmas: A los niños les gustan los cuentos de terror. Me da terror el terror, así que hice un cuento de humor negro. Juego con las palabras para que no les quede esa angustia. Mucha de la falta de esperanza que viven los niños es producto de que nos oyen quejarnos todo el tiempo. Nos oyen decir que el mundo es una porquería, que vivimos en crisis, que la sopa está salada... Entonces, ¿por qué no hablar de las cosas lindas? Decir: "¡Qué rico, hay sopa!"  La ventaja de ser alto es que desde lejos veo el desfile, la de ser chaparrito es que si me caigo me duele menos el trancazo. Si eres hijo único te toca más grande la rebanada de pastel, la de tener muchos hermanos el regaño se reparte por turnos.


-¿Qué mensajes quiere transmitir?

No escribo cuentos para transmitir mensajes. Sería manejar el cuento y nunca sé por dónde me va a llevar. De pronto está el de un punto y una coma que se encuentran en la mitad de una página y dice el puntito: "Qué ser tan extraño, ¿cómo podría describirlo?". Y dice la coma: "Mira qué cosa tan rara, qué redondo, no sabe dónde comienza ni donde finaliza".


-¿De dónde sale un cuento como ese?

Te pones a jugar y empieza. Tengo un libro para aprender a ver. Los cuentos están alrededor: "¿Quién vive en la casa de Pita? Vive un tenedor que se muere de ganas de probar la sopa". Mi trabajo es saber ver los cuentos... Es pensar en una raya tan cansada de sentirse raya que soñaba con ser círculo...


-¿Tiene hijos?

No. Con el tiempo descubrí que tengo vocación de tía. Y fíjate que los padres no se preguntan si tienen esa vocación y veo muchos niños tristes.

-¿Tiene algún cuento entre el tintero?

No, pero llega en cualquier momento. Tengo en el horno unos libros de Panamericana. Surgieron cuando una amiga me preguntó cómo le decía que se iba a divorciar a su niño de 4 años. Escribí el libro de un osito: cuando sus papás se conocieron decidieron formar una familia, pero luego, los chistes de papá oso no fueron tan divertidos y mamá osa hacía tortas de miel todos los días... Osito se empieza a preguntar qué va a pasar y a veces cree que es su culpa, pero su padre siempre será su padre y lo mismo su mamá. Me pongo en los zapatos del niño y le explico que las familias se transforman, pero que Osito siempre va a tener a Osito. Es lo que nos hace fuertes: tenerse a uno mismo.

-Alimenta sus historias de observar a los chicos...

Hago el trabajo de traductora, traduzco la realidad, no la niego. Tengo un sobrino nieto de 4 años, que hace muchas preguntas. Vió un crucifijo y quedó aterrado: "¿A este qué le pasó?" ¿Cómo le dices a un niño de 4 años que Él está allá porque murió por sus pecados? Las preguntas me han fascinado, porque me obligan a escribir buscando una manera de explicarles. Y no sé en Colombia, pero a los niños en México muchas veces no les dejan preguntar.

Publicado el
Liliana Martínez Polo
Cultura y entretenimiento
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