El mundo literario de Eduardo Lagos

El español, ganador del Premio Nadal 2006, vendrá al Carnaval de las Artes de Barranquilla.

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Foto: Archivo particular

Lago se inventó, junto con Enrique Vila-Matas y otros autores, la Orden del Finnegans, desde donde rinden tributo al 'Ulises', de James Joyce.

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Desde que tiene memoria, el novelista, filósofo y profesor español Eduardo Lago (Madrid, 1954) solo concibe su vida rodeada de libros. "Yo recuerdo que a los ocho años, yo le pedía a los Reyes Magos solamente libros, y mis padres me decía: 'No hijo, pero tienes que pedirles también juguetes'.

 

El ganador del prestigioso Premio Nadal, en el 2006, con la novela 'Llámame Brooklyn' y ex director del Instituto Cervantes de Nueva York será uno de los invitados al Carnaval de las Artes de Barranquilla, que tendrá lugar entre el 6 y el 11 de febrero. Lago conversará con su colega mexicana Laura Esquivel ('Como agua para chocolate') sobre los límites entre la ficción y la realidad.

 

 

¿Qué papel juega la ficción literaria en la vida real?

Creo que, ahora mismo, esa es la gran preocupación de la literatura universal. Todos los grandes escritores, desde hace una o dos décadas, están borrando ese límite entre la ficción y la realidad, y el autor mismo entra en la ficción. Es el caso de Paul Auster que tiene un personaje que se llama igual, o JM Coetzee que no distingue tampoco qué es lo que sucede cuando la que trabaja es la imaginación o cuando la que opera es la realidad, para contar la vida tal y como está sucediendo. En el caso de la literatura en español, ocurre con muchísimos narradores, como el chileno Alejandro Zambra y los españoles Enrique Vila-Matas y Javier Marías. Claro que ese juego deliberado de borrar esos límites no es algo artificial, sino una necesidad de la ficción.

 

 

¿Es decir que se ha modificado el oficio del escritor hoy?

Yo sospecho que hay un progreso en la literatura como lo hay en la ciencia, en la música y en las artes plásticas. Ahora mismo, no se podría pintar un cuadro como lo hacían los pintores góticos o los impresionistas. En literatura, ya no es posible contar narraciones como las que hacía Flaubert, Tolstói o Dostoevsky, de un realismo en las que hay un narrador externo que opera como un Dios que controla la ficción. Yo recuerdo una novela reciente de Alejandro Zambra, que la enseñé en la universidad, que empieza el primer capítulo con la historia de una familia en Chile, en la estela y las secuelas de la dictadura, y en el segundo capítulo, de repente, dice: 'no se qué hacer con estos personajes, no me convencen en lo más mínimo'. De repente el lector, inocente e inteligente, se pregunta: '¿acá en dónde estamos, en la vida o el página?'.

 

 

Pero sigue muy vigente el otro grupo tradicional de escritores...

Creo que la literatura se puede dividir en dos grandes grupos: uno que se conforma con lo que ya ha heredado y no tiene mucho interés por cambiar las formas de la literatura, sino, simplemente, aportar una novela más, de la manera tradicional, convencional y realista. Y luego, hay otra manera de enfrentar la literatura que es el haber heredado una manera de escribir que no se puede dejar igual.

 

 

¿Qué percepción tiene de este 'boom' del libro digital frente al libro físico?

El libro digital ese es un invento, casi tan importante como la imprenta de Gutenberg, no tanto, pero se le acerca muchísimo. Por otro lado, está la literatura, en abstracto, que le da absolutamente igual el soporte externo. Si nos vamos a los tiempos de Homero, cuando la gente no sabía leer, estaban los aedos que hablaban a la gente y les contaban historias. En 'El Quijote' hay escenas en que los cabreros se sientan y alguien les lee historias y en las fábricas de tabaco de Puerto Rico, a principios de siglo, estaban los lectores. Hemos llegado a la era del soporte digital. Ahora mismo, cuando les digo a mis estudiantes que vamos a leer un libro de García Márquez, algunos lo compran en soporte digital y otros en papel. Ya qué te gusta más, es cosa de cada uno.

 

 

Usted ha traducido a escritores como Henry James y Junot Díaz, entre otros. ¿Qué aporta el oficio de traductor al escritor?

La traducción es un ejercicio bastante interesante para el escritor, porque te permite luchar solamente con la forma, sin tener que preocuparte de lo más importante, que es la creación de un mundo entero. Ahora bien, el escritor, de verdad, no necesita para nada la traducción, es un ejercicio muy interesante, es una disciplina que está muy bien, pero el escritor se pela con sus fantasmas, él solito. Lo otro es que la traducción es un servicio muy grande para la comunidad: si Borges traduce 'El Olrando', de Virginia Woolf, los lectores van a ir nadando porque saben que es una traducción magnífica; aunque nunca se sabe tampoco, porque los grandes genios lo traducen todo a su manera de ver las cosas.

 

 

Luego de dirigir el Instituto Cervantes en Nueva York por tantos años, ¿cómo percibe el dinamismo del español en EE. UU.?

Yo creo que este dinamismo se resume en dos frases: la más importante es que EE. UU. es un país hispánico, a parte de ser anglosajón. Aquí, el peso del español y de América Latina es importantísimo. Ahora bien, se percibe una lucha curiosa entre el español y el inglés. Los escritores latinos más interesantes escriben en inglés, como es el caso de Junot Díaz y de Óscar Hijuelos.

 

 

Sus dos novelas publicadas, 'Lámame Brooklyn' y 'El ladrón de mapas', las escribió fuera de su patria ¿Qué perspectiva cree que aporta la distancia de lugar y tiempo al escritor?

Es una circunstancia muy complicada. Si bien la dictadura de mi país no ha estado muy presente en mis obras, en la primera novela me obligó a ocuparme de ella en algunos capítulos. En la segunda novela ya no hay nada de esto, sino una preocupación muy grande por la forma de narrar. Hace poco leí 'Historia secreta de Costaguana', de Juan Gabriel Vásquez, que he enseñado a mis estudiantes, y lo que me llamó muchísimo la atención es que siendo un producto totalmente nuevo, sin embargo estaba siempre ahí Gabriel García Márquez, es decir, era una estructura que, siendo muy original y libre, me recordaba otra vez todas las cosas de las que hablaba García Márquez, las guerras civiles, los liberales, etc. Es decir, cómo te vas a librar de todo esto si llevas a tu país en el alma.

 

 

Usted es docente universitario desde los 23 años en España y Nueva York. ¿Cuáles son las principales inquietudes de esos jóvenes estudiantes que aspiran a ser escritores?

Acabo de volver de España, en donde estuve hablando con profesores, que me decían que el ambiente es absolutamente desolador, porque las nuevas generaciones, simplemente, no leen. Sin embargo, en las dos clases que dicto en Sarah Lawrence Collage (Literatura europea del siglo XXI y Literatura en español del siglo XXI) me he quedado asombrado, pues mis estudiantes matarían si no les dejaran leer. Para ellos es un placer y un privilegio de la pasión.

 

 

'Llámame Brooklyn', Ganadora del premio Nadal en el 2006

Con 'Llámame Brooklyn', Lago ganó el famoso Premio Nadal 2006. Cuenta la historia de un joven que encuentra una novela sin finalizar de un escritor ya mayor, que le pide el favor que la termine. Con su estructura, Lago rinde homenaje a la literatura anglosajona.

Publicado el
29 de enero de 2012
Carlos Restrepo
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