Esta versión de la Feria del Libro de Madrid repasa los problemas de la literatura en español
Los escritores latinoamericanos reunidos en España, donde se celebra la 67ª Feria del Libro de Madrid, aprovechan las luces que reciben como representantes de nuestro continente, el invitado estrella del evento este año, para repasar varios problemas que atraviesa la literatura en español.
No son problemas de la literatura en sí. Tampoco del español, un idioma que hablan 400 millones de personas en el mundo. Es una cuestión de todo el entorno: de las empresas editoriales, del mercado, de la preeminencia de España como referencia, de la falta de comunicación entre los propios países latinoamericanos. Un asunto que se puede resumir con una conocida frase: "todos compartimos el idioma que nos separa".
"Una de las causas más importantes que han generado el bajón en la comunicación entre los países es la industria editorial", dijo el lunes en Madrid el escritor colombiano Víctor Gaviria, en un encuentro promovido por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y Portugal (Cerlalc) y la Secretaría General Iberoamericana (Segib). "En el Boom se presentó un arranque, pero no continuó. Se impuso la insularidad, que ha impedido la circulación de libros entre América Latina y España", agregó. "Las grandes empresas editoriales, con sede en España, marcan las pautas, que no pueden ser alteradas por las pequeñas. Ellas imponen las políticas editoriales que hunden en la sombra iniciativas editoriales que no alcanzan a ver la luz".
El escritor hispano-argentino Andrés Neuman está de acuerdo. En parte. "Al margen de esas multinacionales, que están separadas por la misma lengua, porque ni siquiera mantienen una misma postura, un mismo catálogo de país en país, al margen de ellas, digo, está la autofagocitosis", señaló. "Durante las décadas de los 60 y los 70, por ejemplo, Argentina era un foco de irradiación para el continente y para España, pero llegó la dictadura y acabó con todo".
José Antonio Funes, poeta hondureño, también achaca la culpa a los mismos autores. "Al mercado comercial le cayó bien el Boom, cuando había buena oferta y buenos libros. Ahora hay menos literatura y más papel".
No todos los comentarios señalaron los errores y problemas. Neuman destacó el papel de la Real Academia Española, que "pasó del etnocentrismo a trabajar en coordinación con las otras Academias y a elaborar textos como el Diccionario Panhispánico de dudas".
El morbo de España
Yolanda Reyes, autora colombiana de literatura infantil, resumió en una frase una crítica que se ha oído desde hace algunos años en la mayoría de encuentros literarios iberoamericanos: "para que nuestras obras circulen en Latinoamérica, es necesario que la madre patria dé su bendición".
"Es que la reverencia por España tiene algo de morboso", explicó Cano Gaviria. "Se cree que si algo no ha pasado por España carece de importancia".
Cano, que vive en España desde 1970, cree que este país atraviesa uno de los momentos más ricos de la democracia, en el que se ven más latinoamericanos que nunca. "España puede ser un vehículo de unión entre los países de nuestro continente a través de las grandes empresas editoriales, pero se corre el riesgo de dejarles todo el poder para decidir quién surge en la literatura y quién no. Se considera que si un autor ha llegado a España, ya ha alcanzado cierto nivel, y hay que tener en cuenta que muchos criterios son comerciales".
La escritora colombiana Consuelo Triviño, también afincada en España, se puso en el papel de las editoriales: "Se publican muchos libros y se venden pocos", dijo para mostrar que no pueden cargar con todo el peso de la responsabilidad. "No venden por falta de lectores". Aunque, aclaró, muchos posibles lectores no compran por falta de poder adquisitivo. Un círculo vicioso.
"Es un misterio por qué un lector es leído y otro no", reflexionó en voz alta el colombiano Mario Jursich, subdirector de la revista El Malpensante. "Fernando Vallejo, por ejemplo, empezó a leerse con más fuerza en España a raíz de una entrevista publicada en Liberación".
Cano Gaviria, siempre con lupa crítica, quiso destacar la diferencia entre riqueza editorial y literaria. Para ello sacó a relucir el ejemplo de la producción literaria de los años 50 y 60 en Colombia, cuando todas las revistas se publicaban en una sola imprenta. "Las publicaciones de la riqueza literaria de Jorge Gaitán Durán, Fernando Charry Lara y la revista Mito se dieron dentro de una enorme pobreza editorial", explicó. Su idea es que no se necesitan grandes editoriales para grandes obras.
En cambio, pese a que puede ofrecer ventajas, esa gran industria editorial puede encerrar un riesgo: "Conozco autores con enorme talento, jóvenes escritores, que están forzados por las editoriales a publicar una novela cada tres o cuatro años, que si no se despegan de esa presión pueden caer en la producción rutinaria y mecánica que ya se asoma en varios finales apresurados de sus obras".
Un grito entre letras
Esta Feria del Libro de Madrid no solo pretender ser una vitrina de compra y venta de libros, sino un escenario de intercambio y creación de ideas, cuentos, recitales, conversaciones y obras. Se trata, en general, de pellizcar a los lectores para que miren nuestra producción literaria. "Después del Boom hubo enorme desinterés de España por el libro de nuestra región", explicó Isadora de Norden, directora de Cerlalc.
Eventos como esta Feria o el Hay Festival constituyen un grito que ya se empieza a escuchar en algunos rincones.
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